Mientras me bañaba, descubrí unas manchitas rojas en mi antebrazo, cerca de la axila. Y lamenté el hecho de que nadie pudiera disfrutar de ellas.
Alguna vez pensé en hacerte el amor tantas veces. Que con el tiempo lograría memorizar cada uno de esos detalles. La perfección de lo imperfecto. Conocer cada lunar, cada marca, cada cicatriz, cada manchita roja. Tener inventariado cada lunar de tu cuerpo, saber dónde se encuentran, ver los que nunca nadie ha visto o pocos tendríamos el placer. Saber el diámetro de tus pezones y los besos que hacen falta para recorrer la distancia de uno a otro. Memorizar el talle de tu cintura y saber cuánta de tu nalga puede agarrar mi mano.
Ver que tan grandes o chicos tienes los pies, y nombrar cada dedo de ellos. Frotar tus piernas con las mías mientras estamos desnudos en la cama. Dormir con mi cabeza en tu abdomen y mecerme con el vaivén de tu respiración. Beber de tu ombligo amor. Contar las vértebras de tu espina dorsal y arañarte la espalda. Disfrutar de la curvatura de la misma. Comerte la boca a besos y probar el sabor de tu saliva. Lamerte la oreja y jugar con ellas como hacia la puta con las de Van Gogh, yo no permitiría te la arrancaras. “Ver mis ojos lamiendo tus ojos”, reflejados eternamente.
Haberte hecho el amor en la luz y la sombra, en el calor y en el frio. Abrazarte y que me abraces. Que tu aroma quede impregnado en mi nariz, y traer una sonrisa de tonto todo el día.
Es por eso que lamenté el hecho de que mis manchitas rojas no podrán ser disfrutadas, porque en una noche de sexo ocasional difícilmente serán apreciadas. Las copas de alcohol, la oscuridad de un cuarto de hotel, la premura, la excitación, restarán importancia a los pequeños detalles de los cuerpos, tanto del mío como de los ajenos.
Disfrutas unas horas, si va bien, toda la noche. Pero el placer será solo superficial, ya que te centras en áreas específicas, gozas del cuerpo del otro, pero sólo pensando en el placer propio.
Descubrí lo fácil del sexo fácil. Vas al antro, sonríes, bailas, brincas, bebes. Coqueteas sin ser muy obvio. Cuando el chico se ha acercado, o te has acercado a él, y están bailando le rozas el cuerpo. Después se besan, primero tímidamente, luego los besos suben de intensidad y te vas a fajar a un rincón oscuro. Quedan en ir a tu hotel o a el suyo, el que esté desocupado.
Puedes salir dos horas después, despeinado y con olor a sexo. O dormir junto a él toda la noche y salir temprano en la mañana tratando de no hacer ruido y no ser descubierto por los inquilinos moralinos.
Al final te sientes bien, te han alimentado el ego. Tienes menos tenso el cuerpo. Le has dado gusto al gusto. Pero sabes y sientes, que lo hicieron sin amor....






