viernes, 12 de abril de 2013

Declaración de una muerte anunciada

Didier era destilado, la concentración de todos los sentimientos y las emociones, lo más puro, alcohol neutro, al 96%. De todas esas palabras que se agolpaban, de todas esas sensaciones que el cuerpo no podía digerir, de las emociones que me empachaban. Una botellita con la esencia de mis pensamientos y emociones, unas cuantas gotas eran suficientes para aliviar o envenenar.

Didider era destilado de agave, era sotol, era tequila, era mezcal; era fuerte, calentaba la panza y el alma; era borrachera y delirios amorosos. Era para acompañar las alegrías o tratar tontamente de ahogar las penas en él. Eran los mareos y la cama que flota cuando te acuestas  y aun estas ebrio. Era la constante lucha contra esa sobriedad que me asfixiaba.

Era la imaginación de alguien temeroso de la vida (Amélie Puilain, Emily Dickinson), el refugio y la guarida, ese cuartito fresco hecho de adobe donde se recluye del sol que ahoga. Las felicidades y las tristezas inventadas para sobrevivir al tedio de los días amarillentos. La verdad estirada, llevada hasta el punto de máxima tensión, hasta el punto de rasgarse y convertirse en ficción.

Por medio de él transpiraba todo eso que callaba, y a veces el sudor olía a la blancura del jazmín  de tan bellos y amorosos sentimientos; otras apestaba a la cadaverina liberada por el cuerpo de un gato que lleva 4 días de muerto en el periférico, el dulce y pútrido olor de lo infecto.

No puedo negar que el nombre, en sus variables (Didider Estrada, Didi Freitas, Dd Franco), me dio una ligereza y seguridad de pájaro. Su origen lo he explicado anteriormente, pero creo que el secreto del encanto que suponía para mi, más que el anonimato, era lo infantil que sonaba, creo que nunca me sentí tan alegre y grácil como cuando escribía bajo el seudónimo de Didider Freitas, era burbuja en verano y la risa estridente y espontanea de niño.

Así que además de la seguridad que brindaba el anonimato, escogí llamarme diferente porque con mi nombre de pila no bastaba, es bastante más largo y aburrido, y por lo tanto más real (esa realidad que evitaba). Aun si hoy me dijeran que como me gustaría llamarme respondería que Didier, o Amadeo, Amadís, Amador, Amadi, Amado, Aman; porque más que nombres parecen adjetivos, y yo siempre me he visto a mi mismo como alguien con una gran capacidad para amar (de hecho todos los seres humanos debemos serlo).

Aunque el tiempo de Didier ha terminado y ya no le necesito tanto, con este texto no le asesino para después aventarle rosas antes de echar tierra sobre su tumba, al contrario, lo celebro y le doy vida, integrándolo a mi día a día. Lo absorbo y ahora somos uno; y no sólo estamos juntos y separados (aunque dicha división nunca fuera real, ni física, ni mentalmente hablando).

De ahora en adelante soy la Bestia Desértica, una bestia que se desarrolla, que cambia pero no deja de ser bestia ni desértica.*


*Como mencione mi nombre verdadero me sigue pareciendo aburrido, y si lo revelara todo siento que la magia y el misticismo terminarían.