sábado, 1 de diciembre de 2012

Amor líquido

Es agradable sentir tu compañía a lo largo de todo el día, saber que te interesa lo que hago; platicar de trabajos finales y que me ayudes. Tontear, hacer planes, ayudarte, discutir, planear un encuentro. Me gusta que seas sociólogo, que seas norteño, que hayas vivido seis meses en el otro hemisferio, la forma en que escribes, que te guste Bourdieu y digas que te sonrojas cuando te halago de forma tan directa.
Es agradable pero extraño, estar pendientes todo el día aunque estemos tan lejos, y no conozca el tono de tu voz, ni sepa cuanto mides, ni me haya visto reflejado en el café de tus ojos...

lunes, 5 de noviembre de 2012

Cortito


Al principio deseaba el amor, así sin más, alguien a mi lado con quien hacerlo todo o no hacer nada

Después busque el sexo, sin amor, en habitaciones desconocidas, compartiendo un rato efímero

Ahora  quiero la complicidad de verme reflejado en otros ojos y hacer sonreír otros labios, busco la complicidad, el secretismo de haber compartido el día y algo más que el sueño en la misma cama.



lunes, 10 de septiembre de 2012


AMLO se separa de las izquierdas y yo me quiero desvincular de toda la raza humana: hombres, mujeres; buenos, malos; niños, jóvenes, ancianos; heterosexuales, homosexuales, bisexuales, transexuales; muertos, vivos, resucitados; pacifistas, belicosos; capitalistas, comunistas, anarquistas; filósofos, escritores, técnicos, científicos, ingenieros; inventores, destructores; artistas, médicos; mediocres, superdotados; presidentes, embajadores, empresarios, maestros, pepenadores; inmigrantes, mochileros, vividores, putas, santos, mártires sin oficio, profesionistas, perros tránsitos, puercos oficiales de policía, drogadictos, abstemios, soberbios, borrachos, poderosos; religiosos, ateos y agnósticos; políticos, presbíteros; feos, bellos; malandros, filántropos, ladrones de cuello blanco; falsificadores, reparadores; usureros  ricos, pobres y re-jodidos... De todas las dicotomías, los contrarios y todos los complementos, de las escalas y tipologías; de todas las nacionalidades y de todos los rincones del planeta... de todos los seres humanos que fueron y que vendrán, hoy me desvinculo.



lunes, 13 de agosto de 2012

III Aniversario

Siempre me pasa desapercibido el aniversario del blog. La primera entrada es del 5 de Agosto, pero revisando, creo que hasta el 14 de Agosto comencé a escribir bien, por la tanto puede que este año no este tan retrasado para escribir al respecto.
Creo que es importante escribir sobre este acontecimiento porque este es un espacio en que he invertido mucho tiempo y que me ha servido de gran ayuda. Fue hace 3 años que un chico de 18 comenzaba a escribir después de un verano excitante y delirante que había dejado tantas sensaciones marcadas en la piel joven. Hoy las cosas han cambiado mucho y me puedo dar cuenta que no escribo igual que ayer, lo cual advierto pues al volver a leerme, debo reconocer que los primeros post me parecen realmente malos. Pero esa es de las grandes cosas que me ha devuelto esta especie de diario virtual. A lo largo de estos tres años he visto como voy cambiando, y los lectores más viejos también lo habrán notado. Vuelvo la vista hacía atrás con cada entrada vieja y me doy cuenta que definitivamente no soy el mismo. Sin querer pecar de soberbio y para no cubrirme de una falsa modestia, creo que mi estilo a mejorado mucho. A base de lecturas y de escribir, siempre escribir. Aunque lo haga con menor frecuencia, creo que la calidad de los escritos es mejor. Tal vez en ese aspecto se refleje la madurez de este adolescente promedio mexicano.
Antes contaba lo que me pasaba a diario, ahora no es tan importante el exterior, como lo son las ideas y los cambios internos que tengo.
 He escrito aquí sobre lo experimentado a los 18, a los 19, a los 20 y ahora a los 21. He escrito sobre el amor de juventud, sobre el desamor; sobre mi último gran amor; sobre la guerra en la que seguimos inmersos y que sigue cobrando su cuota de sangre; sobre las perdidas; amores; enfermedades; muertes y nacimientos; los amigos y los familiares... al releer no me puedo creer que hayan pasado años desde que lo escribí y todo es un remolino con personajes que aun siguen y algunos que ya se fueron. Y claro los blogueros que parece que desde siempre han estado, aunque debo decir que muchos ya se fueron de este lugar virtual.
Hoy me siento feliz y me propongo seguir escribiendo, para que me lean muchos, para que me lean pocos, para que nadie me lea... para mantener la cordura y después perderle en los escritos, porque me hace feliz, porque me desahogo y porque sigo vivo!
Porque toda creación humana es siempre canto de vida, muestra de que aquí estuvimos. Aun lo que hiere, lo que mata y destruye es el sonido que el ser humano dejará para la eternidad.




jueves, 2 de agosto de 2012


La terapia me ha hecho ir hacia dentro, caer en el ensimismamiento. Al principio fue divertido, saberse el poseedor de un secreto interno. La sonrisa de superioridad que se dibuja en los cuadros de Da Vinci.  Con las manos hago un cofrecito y al separar los dedos pulgares miro hacia dentro lo que a nadie le dejare ver. Nadie sabe porque sonrío, nadie es dueño de mis pasos, ni de mis desapariciones. Me mantengo allí pero siempre alejado, donde sólo yo sé estar, poco a poco me convierto yo también en un secreto. Soy un laberinto Borgiano, que a veces camino en la oscuridad de mi propio ser. Doy vueltas, dos, tres, cuatro, cinco... pero a cada una descubro algo nuevo, otra forma de afrontar las cosas.
A veces odio todo y a todos, me descubro vanidoso y me asusta un poco. Me sobreinformo con las redes sociales y me da asco, me da ganas de vomitar y mandar todo eso que no necesito saber a la chingada. Cerrar todo y desaparecer del ciberespacio, no tener 20 notificaciones diarias, no ver todo, no asquearme, no fastidiarme, no odiar solo porque puedo hacerlo, no sobreexplotar el sentimiento, “Querido Alberto” de Los Punsetes.
El día me pasa entre el sudor de la hora y media de gimnasio, las hojas de los libros prestados llenos de cuentos latinoamericanos y el sonido de las películas francófonas que tanto me gustan.
El último pretendiente parece pajarito, con unos ojos dormilones.
Salimos por las calles de esta ciudad-desierto a gritar, a tratar de desempolvar las cosas. Con el sol ardiente sobre la testa y las gafas de sol puestas. Nuestras manos aferradas a la esperanza. En una región donde hace calor la mayor parte del año y la lluvia que cae es casi nula, es difícil hacer una primavera. A veces me llega la duda de lo imprevisible, me contagio del sopor que todos experimentamos entre las 4 y 6 de la tarde, y del que algunos nunca han salido. Pero tantas manos trabajando, tantas voces que se hace una sola, me han dejado gratas experiencias. Guardo en un atlas viejo que conservo de la infancia, los que algún día serán souvenirs de juventud: Panfletos informativos, carteles, trípticos, la foto que salió en el periódico donde marchamos mi hermana y yo, cacerola y pancarta en manos. Espero algún día de viejos verla junto con otras fotos y decir: “mira, cuando éramos jóvenes y teníamos ganas, cuando creíamos en algo”. Yo me siento feliz con las marchas, y me lleno de energía cuando vamos cientos de personas hacia una misma dirección, y se me enchina la piel cuando sucede ese mágico momento, en que siento que todo el mundo calla para oírnos y nuestras cientos de voces se hacen una. No lo hago por gloria, de hecho a veces llego a cuestionarme porque lo hago. Tal vez ni yo crea en todo lo que pregonamos, ni crea en el cambio de este sistema podrido, que con sus manos huesudas de viejo agonizante se aferra y nos rasga, nos hace daño. Lo hago porque me siento bien haciéndolo, trabajando, esforzándome aunque sea un mínimo. Porque tengo la necesidad de hacer y sentirme parte de este capítulo en la historia. Me gustan las reuniones en las plazas públicas, identificarme con los compañeros, sentarnos bajo la sobre del arbolote, reunirnos en alguna casa y reír, compartir nuestras vidas tan diferentes por un ratito.
El aleteo amarillo en una jaulita rojo corazón, que encierra el canto del amor de juventud. Dos fantasmas juguetean en el patio, son niños con barbas largas y cejas blancas de anciano que se corretean. El verde de las hojas que toman el sol y que yo veo cambiar, nacer y marchitarse.
Al final siento que estoy en un sueño y tengo más miedo de que se vuelva eterno, a que llegue a su fin y tenga que despertar con los ojos adoloridos de tanto dormir.

lunes, 23 de julio de 2012

Pero aquí no hay novedad

Mi terapeuta me dio de "alta", dijo que al parecer ya estoy listo para tener una relación seria y estable. Lo cual viene bien pues por allí hay más de una posibilidad con algunos chicos. Creo que ya tendré de que hablar con mi amiga que me invita al brunch después del gym, y que me cuenta sus problemas amorosos.

Ya tengo un despertador natural, un pajarito que canta bonito. Mi tía me ha regalado un canario y con sólo una semana ya alegra mi vida. La casa esta llena de gente (mi familia) por las vacaciones, pero en cuanto todos entremos, el canto del pájaro será muy buena compañía. Por lo pronto sigue sin nombre, no sé si llamarlo Freddy (por Freddy Mercury) o Pavarotti (como se llamaba el canario que salio en Glee). "Piolín" me parece un nombre horrendo y común para un canario. Por cierto que mis dos perritos Schnauzer miran al pajarillo como el gato Silvestre miraba a Piolín.

Entre otras cosas me estoy dedicando al cuidado de plantas, a mi madre no se le da mucho cuidarlas y por eso la casa nunca ha tenido muchas, a diferencia de la casa de mi abuela que esta repleta. Yo quiero llenar un rincón de la casa de plantas. Por lo pronto tenemos un arbustito que planté y una plantita orgánica de chiles que compré en una expo ecológica, y los geranios que compro mamá hace un año porque mi hermano los pidió, a mi no me gustan los geranios. Mamá quiere traer un helecho a casa y yo quiero planar entre otras cosas algún cactus o suculentas. En mi cuarto he puesto en una botella de vino una planta enredadera de esas que sólo necesitan agua. Lo que encuentro maravilloso del cuidado de las plantas es que un buen día de repente le encuentras nuevos retoños y hojas.




Pd:
Dos días después termino este post y Me doy cuenta que tal vez no estoy del todo listo para tener una relación, aunque yo también llegue a creer lo Mismo que Mi terapeuta.
La planta de chile, se seco
El canario no Murió pero se Me  ocurrió que puede llamarse  Elvis, por Elvis Preasley...

jueves, 12 de julio de 2012

Si yo escribiera un guión de película, si mi vida fuera una película, esta sería la reseña...

Los mundos de Di

Didier cree que es el chico con la vida más común que pueda existir. Vive en una ciudad mediana del semidesierto mexicano, donde lo que hay para hacer o pasar el rato es igual de interesante y activo que su vida. Los amigos, los examores, los compañeros, los conocidos, los familiares, los maestros, el terapeuta, todos le resulta insignificante y abrumador.

Hasta que por la calles de la ciudad se encuentra con un chico, al cual recuerda por haber jugado alguna vez con él de pequeño en el parque. Aquella tarde en que se le quedaron grabados para siempre en la memoria aquellos ojos grandes y a cuyo dueño no había vuelto a ver desde entonces. A partir de allí su vida cambiará dándole color y movimiento: las relaciones con sus amigos, la escuela, los lugares se descubren nuevos ante sus ojos.

En compañía del misterioso chico descubrirá nuevos lugares y un submundo de difícil acceso que yace bajo la calma de la polvorosa ciudad. En el calor de la región se funden mejor las fantasías adolesentes y la vida real. En una ciudad del norte donde todos los caminos se cruzan, el mismo Didider, se encontrará en un punto de su vida donde todo converge. 

Al final tendrá que descifrar esa delgada línea entre cordura y demencia;  averiguar si lo que ha vivido últimamente es verdadero o sólo realidades alternas producto de su imaginación, y descubrir lo que esconde esa sonrisa transparente y alucinógena del misterioso chico.

viernes, 6 de julio de 2012

¡VIVA LA FRIDA!

Este día se celebraría el 105 aniversario de nacimiento de una gran mujer y pintora Magdalena Carmen Frieda Kahlo Calderón, consentida y personaje recurrente de este blog. Fruto de la tierra mexicana, de sus colores y olores, nada hay mas intimo que su obra. De sangre mestiza pero de alma indigena...
Palabras sobrarían para describir su vida, su obra y sus pasiones, dejo aquí fotografías de la pintora, su obra un texto de su autoría.





















"...y le pedimos al amor que nos dé un pedazo de vida verdadera, de muerte verdadera. No le pedimos la felicidad, ni el reposo, sino un instante, sólo un instante, de vida plena, en la que se fundan los contrarios y vida y muerte, tiempo y eternidad, pacten"  

        

lunes, 2 de julio de 2012

Microcuento

El dinosaurio. 


Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.


-Augusto Monterroso-


La triste realidad mexicana en un microcuento. El microcuento más largo de las historia, tiene mas de 70 años de páginas de sangre, corrupción, impunidad, pobreza, atraso, opresión, crisis económica






jueves, 21 de junio de 2012

Las fotografías de la casa

Recuerdo mucho la sala de la casa de los abuelos en la niñez. Era el mejor sitio para estar sólo, pues los niños siempre estábamos en el patio jugando y los adultos llenaban el comedor y la cocina. A la sala sólo se le presta atención un día al año, en diciembre cuando mi abuela hace rosario y tamales e invita a todas sus amistades.

Recuerdo sus sillones estilo francés con tapiz de flores aterciopeladas; las ventanas rojas de madera que daban a la calle y sus vidrios esmerilados; algunos adornos con estilo oriental sobre las mesitas en el rincón. La pintura de hace más de un siglo y medio de la virgen, imponente pero igualmente protector y maternal, que era el centro de la habitación. 

Me recuerdo de niño y vuelvo a sentir mis pies colgando de los sillones y el terciopelo de estos contra mi piel, viendo pasar la tarde  de domingo; el sol que se filtraba primero entre las hojas de los árboles y después por los barrotes de la ventana abierta de par en par. Era un buen refugio en invierno, tumbarse en los sillones a esperar que el sol entrara por la ventana y te calentara.

En las paredes de la sala también esta la historia de la familia. Están las fotos de boda de los bisabuelos, de los abuelos y de cada una y uno de los hijos de la abuela. Fotos de momentos importantes, de quienes ya se fueron, de los que alguna vez fueron familia y ya no lo son... todos enmarcado en madera y muy sonrientes para la cámara.

En el comedor hay una vitrina que dentro guarda los tesoros de la abuela: vajilla, recuerdos, botellitas de vinos y cognac, cartas, documentos... y pegadas en los vidrios, fotos de todos los nietos y bisnietos. Ahora somos tantos que prácticamente ya no se ve el interior y por fuera relucen todas las caras infantiles y sonrientes.

Las paredes del cuarto de los abuelos, que es uno sólo y muy largo, también guarda a la familia, parientes lejanos, un día de pesca, la abuela de niña junto a su hermano, una foto de mi madre de niña junto a su hermano mayor, primeras comuniones, retratos a blanco y negro.

Pero últimamente me di cuenta que las fotografías no cuelgan sólo de la pared, las fotografías andan por toda la casa, sobre todo cuando es cumpleaños de alguien o es algún día feriado. Cambian de ropa y de humor, de estilos de peinado, engordan, adelgazan, les salen arrugas.

Porque todos en esa familia somos fotografías, somos vistos como seres con una sola faz. Reproduciendo el sistema de familia tradicional, unidad, amor incondicional (e incomprensible), apoyo, buenas costumbres, patriarcado,  bien presentables todos. Somos fotos de papel y temo que nadie quiere ir mucho más allá de la sonrisa eterna.  A veces lo hacen pero con ciertos temas, hay cosas que jamás se tocarán.

No digo que no nos interesemos los unos en los otros, pero es que simplemente no hemos sido educados para pensar en los otros miembros de la familia como seres multidimencionales, universales, y por lo tanto nos cuesta mucho hacernos a la idea que somos personas que cogen, que se deprimen, que piensan, que sienten, que tienen mal de amores,que se preocupan, que pueden consumir drogas, que pueden tener preferencias sexuales diferentes, que pueden desear haber muerto, que lloran, que se divierten, que tienen pasiones, que tienen broncas... que son mucho más que una sola dimensión. Por selección sólo se tratan y se ven algunos temas, otros simplemente se ignoran sesgando la vida de cada uno, viendo sólo lo que se desea ver.

Inculcan el amor a la familia como si este fuera a darse inmediatamente, como si los lazos de sangre fueran suficientes como para sentir amor por alguien. No quiero ser injusto, están chapados a la antigua, somos una familia tradicional del México norteño. Creemos en el amor romántico, aun no se han dado cuenta que el amor se construye, que no se impone ni se hereda. 

Por eso no me parece tan fuera de realidad la película "J'ai tué ma mère" donde un chiquillo canadiense llega a odiar a su madre, aunque después se siente culpable por hacerlo. No estamos obligados a amar a nadie, no tenemos que hacerlo por el simple hecho de estar emparentados. Si no ha habido suficiente interacción, si la persona no despierta en ti nuevos sentimientos, si no te hace ser diferente por ella, no es amor... Muchos caemos en ese error, damos por hecho que debe haber amor y lo forzamos, sin entender que el amor filial también se construye y no nos llega como imposición.

Son pocos los familiares con los que he pasado la barrera de ser simples fotografías, la mayoría primos... y la verdad algunas veces dudo ente contemplaros íntegramente o dejar que sigan como fotos y guardarlos en una caja en el fondo de un cuarto obscuro.



lunes, 11 de junio de 2012

El arte es garantía de salud

Me di cuenta que era, o soy (esa línea aun no esta bien trazada) un chico con problemas emocionales, alguien tal vez con buen porte y de aires regios. Al que le costaba poner en contacto sus ideas, su alma, su sentir: lo impalpable y etéreo; con esta armadura que me dieron, está máquina que efectúa acciones en los físico y material, mi cuerpo: la existencia.

Es por eso que me fue tan fácil escribir. Dejar impregnado sobre el papel o la pantalla lo que pensaba y sentía, y de paso lograr que otros se vieran envueltos en ello. La escritura funcionó como una válvula de escape, de ese ser racional y práctico. Por eso los escritos tan pasionales, tan finamente escritos,  la precisión de los sentimientos, todo volcado con gran intensidad. De no haber sido así hubiera terminado neurótico. Al fin y al cabo eran producto de una emotividad exacerbada, maltrecha y reprimida que luchaba por ser escuchada, por ver la luz. Algunas veces después de escribir me sentía como si acabara de  vomitar y al final respiraba aliviado

Pero ahora vivo mis emociones, o al menos lo intento, y ya no escribo tanto. Aunque mi testa siga ideando  situaciones, imaginando, fantaseando para hacer la vida menos aburrida y poder sobrellevar este clima seco y caluroso que a veces me asfixia.

Hoy quiero ser el personaje de un relato, vivir en un libro; dejar a mis amigos y familia descritos en hojas amarillentas; agregar nuevos personajes y situaciones;  escribir el boceto de mi vida.  Ser el guión de una película independiente con las locaciones en  toda la región, recortada y editada, haciendo una sola y gran ciudad imaginaria; donde pasearíamos de la mano, donde celebraría con los amigos la vida, donde te encontraría y nos volveríamos a perder.

Escribirme a mi mismo, imprimir letras en todo mi cuerpo y que estas se desborden; que por el lecho seco del río vuelvan a correr ahora las palabras; que del cielo lluevan letras; que la laguna tantos años vacía se llene de historias.





viernes, 8 de junio de 2012

La disputa

A Bernardo le enseñaron que el culo de un hombre no se toca, que su culo era intocable. Por eso cuando a su novia Raquel se le ocurrió querer jugar con él en pleno acto sexual, la pasión del momento se desvaneció y éste casi la avienta del viejo futón en el que estaban.

A él no le cabía... en la cabeza a que hombre, hombre -los maricas no contaban- le gustaría que le metieran algo en el culo, y menos que a su novia se le ocurriera semejante atrocidad. Si bien Raquel era mujer de ciudad y el hombre de campo, y sus ideologías y maneras de ver la vida parecían contrarias y muchas veces chocaban, esto era el colmo.  Podía tolerar sus ideas y hasta estar de acuerdo con algunas, pero que intentara meterle los dedos por el culo, le resultaba intolerable.

A Raquel que era mujer terca, no le ofendió tanto el hecho de que su novio se negara a tal petición -poco le importaba este juego en la cama. Lo que le molestó fue el hecho de que su novio se mostrara tan estrecho... de mente. Así que decidió emprender una batalla sin duda de que la ganaría, pues era alguien acostumbrada a obtener siempre lo que quiere, y se nego rotundamente a tener sexo con Bernardo hasta que él no se dejara dar por el culo.

Las primeras tres semanas para él fueron llevaderas, pero para la cuarta decidió dejar de tener contacto sexual con Raquel, pues ella jugaba sucio y al momento en que él intentaba avanzar más, ella se negaba recordandole su propuesta, a la que él inmediatamente rechazaba.

Ante eso, a Bernardo no le quedaba más que ir al baño y hacerse justicia por su propia mano. Así duró tres meses hasta que llego al punto en que le era imposible vivir de la chaqueta. Y como era hombre integro, ni por la mente le pasaba el serle infiel a su amada.

Después de una plática seria y los ruegos de él por tener un poco de sexo,  aunque fuera "una mamada por caridad". La actitud de Raquel no cambiaba ni se le veía titubear. Incluso cuando Bernardo le dijo que si no tenían sexo y se olvidaba de ese tema la dejaría -al mas puro estilo chantajista- Raquel se mostró firme.

Vencido por la desesperación y las ganas de follar, Bernardo accedió a que su virilidad fuera quebrantada y su novia le metiera un dedo -y sólo uno- el indice de la mano izquierda -pues dicen esta mano es mas delgada-.

Llegando la noche acordada, Bernardo sólo pidió que antes del acto se le concediera tomarse unas cervezas y un tequila pa' agarrar valor. Ya entonado y prendido por tanta energía sexual que había acumulado durante tantas noches de celibato, cuando Raquel comenzó a acercarse peligrosamente, él ni respingo. Y habiendo cumplido lo pactado ni siquiera se volvió a tocar el tema, ni el culo de él, y ambos se dedicaron a gozar del placer que tanto tiempo se habían negado.

De allí en más recuperaron el ritmo normal, una o dos veces entre semana y un mañanero los sábados o domingos, olvidando el tema por completo. Hasta  un día en que Raquel llegó temprano al apartamento de ambos e intentando sorprender a su novio, se topó con un Bernardo muy entretenido jugando con el mayor de los dildos que ella guardaba en el fondo de su clóset.


jueves, 10 de mayo de 2012

Redes sociales









Esta falsa necesidad de contarlo todo, 
decirlo todo, 
mostrarlo todo; 
¡cómo si al mundo le importara un carajo!


Solo demuestra nuestra soledad, 
nuestra separatividad, 
nuestra individualidad. 
Gritando al vacío esperando escuchar el eco.

























martes, 8 de mayo de 2012

Tolvanera

A veces sucede que quiero escribir, pero no puedo. Y no es debido a la falta de temas, siempre hay una idea que me suena en la cabeza, siempre una pequeña historia que imagino mientras viajo entre las sacudidas del camión o cuando estoy en la cama antes de dormir.

Me han dado ganas de escribir sobre mis terapias y el terapeuta que me canta pedazitos de canción de Silvio Rodríguez; sobre el chico intenso de la facu que se lanza vorazmente sobre mis huesitos; sobre como he visto que las parejas se mienten en las relaciones. Contar que estoy en un proceso de autodescubrimiento; los viajes que he realizado; las salidas y los amigos; que ya no me enamoro "tanto" como antes; las cosas pequeñas de mi cotidianeidad; que tengo ganas de beber vino tinto en buena compañía.Del calor que hace en estas tierras; de las campañas electorales.Sobre esa cancioncita que me hace feliz.

La verdad es que muchas veces no encuentro la manera de hacerlo, no se como continuar escribiendo o algo que me inspire a hacerlo. Me dan ataques de animo nihilista y ni quien me saque. Sigo igual de voluble que antes, pero ahora soy consciente de muchas cosas más. Trabajo a diario, incluso sin damre cuenta, en tratar de  cambiar y estar mejor conmigo mismo.

Pero no sé si fue el hecho de sentirme descubierto, o que me estoy enfocando más a mi mismo de otra manera, o que sea una de esas etapas que nos llegan a todos. El chiste es que no puedo escribir como antes, aunque en mi siga viva la ilusión de seguir escribiendo hasta el final.

Por el momento siento que me encuentro en medio de esas tolvaneras desérticas que de cuando en cuando llegan a la ciudad, y el aire se satura de tierra y te obliga a cerrar los ojos, y los arboles se agitan y los mas viejos caen y la gente corre a quitar la ropa y cerras las puertas y ventanas de las casas, y rugue el viento en tus oídos... hasta que todo pasa, y abres los ojos y vez el cielo azul y sin nubes. Y sigues delante por la calle, por la vida, con el sol en la testa y unas gotas de sudor en el pecho, hasta que llegue otra tolvanera que mueva todo.


sábado, 21 de abril de 2012

Al descubierto

La sensación fue como cuando te encuentran follando con un extraño de quien no sabes nombre pero besa muy bien. O como si tu madre los cachara a ti y a tu primo masturbándose mutuamente cuando adolescentes. Cuando estas a punto de alcanzar el clímax y abren la puerta inesperadamente. Entra la luz, el ruido de afuera y la fantasía se rompe. Es algo incomodo, sorprendente para todos. Deshacen tu placer, tu secreto, el nuestro...

Así me sentí cuando me enteré que mi Ex descubrió mi blog. Sentí que había descubierto mi mayor travesura y mi mayor placer, aquello que era mio y de los que me leían. Acusome de doble moralino, de exponer secretos a la luz pública, de hipócrita, de escoria y muchas cosas mas. No sé si  me dolieron tantos insultos o si fue el hecho de sentirme expuesto, de que hubiera descubierto lo más secreto de mí y lo más público, claro público ante desconocidos. 

Después de ser descubierto te invade ese sentimiento de vergüenza, pero no de culpa y jamás de arrepentimiento. Era un chiquillo pescado en plena travesura: cambie de nombre, de dirección, de imagen, de plantilla, y aunque aun no recupero bien el ritmo, seguiré siendo un niño malo que  escribe y se excita. Claro, ahora teniendo mas cuidado, perfeccionando la técnica, cuidando mas el no ser visto, para no volver a quedar descubierto.



Epílogo
Las cosas entre él y yo terminaron definitivamente y aunque ahora somos menos que desconocidos así tenía que pasar. Sin embargo me parece demasiado fuerte pensar que a quien yo amé ya no exista y ese que pasa a mi lado signifique nada. La vida continua.  

viernes, 6 de abril de 2012

Tepehuano



La luz entra sin el filtro del esmog y la contaminación, sin el color gris del asfalto y la ciudad. Siento como el azul intenso inunda mis pupilas y por instantes creo que mis ojos pardos se tornan del mismo color.

El viento, canción milenaria, esta saturado de nada. Lleva la eternidad en su sonido limpio de cláxones y sirenas. Transporta el canto de los pájaros que se ocultan entre las mismas ramas de los arboles que lo hacen sonar.

Es tal  el encanto de las aguas  de este río, que los pobladores dicen que quien bebe de él se queda a vivir aquí. Yo sólo se que sin duda volveré...




jueves, 22 de marzo de 2012

Caracas sin agua


Como parte de los festejos por el Día internacional del agua, el miércoles 21 asistí a la Conferencia titulada, “El agua en la literatura” El análisis literario giró en torno a dos obras latinoamericanas: “Nos han dado la tierra” del mexicano Juan Rulfo y “Caracas sin agua” del colombiano García Márquez. La primera es un cuento que forma parte del mítico “Llano en Llamas” y aunque había tenido oportunidad de leerla con anterioridad, esta vez Muñoz tuvo a bien resaltar la importancia que juega el agua en dicho cuento, o mejor dicho la ausencia de esta.  Al terminarlo de leer uno no puede más que sentirse seco, seco y asoleado. Me imagine parte de ese pequeño grupo de ejidatarios que caminan por el Llano Grande y se me antojó que la escena bien puede representarse en el paisaje lagunero.

Sin embargo la obra que capto mi atención fue ese hibrido mitad cuento mitad crónica titulada “Caracas sin agua”, un texto encantador, porque encanta desde la primera línea. En el con su estilo tan personal, un joven Gabo nos narra los acontecimientos del 58 en Venezuela, donde se vive la escases de agua, desde la perspectiva de un ingeniero Alemán. Como digo, de manera magistral esta crónica describe al lector los acontecimientos colectivos desde una mirada individual. Una crónica que bien podría ser un cuento, lleva el sello del realismo mágico que se vive en nuestra América Latina.

Además sirve de invitación a la reflexión, sobre todo a nosotros habitantes de esta laguna seca, de este desierto exportador de agua (transformado en leche). En el cual, como la señora embutida en la bata de seda con flores rojas,  seguiremos sembrando alfalfa, seguiremos desperdiciándola, seguiremos sembrando árboles exóticos y regándolos “mientras haya agua”…

A continuación dejo el texto completo.


Caracas sin agua
Después de escuchar el boletín radial de las 7 de la mañana, Samuel Burkart, un ingeniero alemán que vivía solo en un pent-house de la avenida Caracas, en San Bernardino, fue al abasto de la esquina a comprar una botella de agua mineral para afeitarse. Era el 6 de junio de 1958. Al contrario de lo que ocurría siempre desde cuando Samuel Burkart llegó a Caracas, 10 años antes, aquella mañana de lunes parecía mortalmente tranquila. De la cercana avenida Urdaneta no llegaba el ruido de los automóviles ni el estampido de las motonetas. Caracas parecía una ciudad fantasma. El calor abrasante de los últimos días había cedido un poco, pero en el cielo alto, de un azul denso, no se movía una sola nube. En los jardines de las quintas, en el islote de la Plaza de la Estrella, los arbustos estaban muertos. Los árboles de las avenidas, de ordinario cubiertos de flores rojas y amarillas en esa época del año, extendían hacia el cielo sus ramazones peladas.
Samuel Burkart tuvo que hacer cola en el abasto para ser atendido por los dos comerciantes portugueses que hablaban con la clientela de un mismo tema, el tema único de los últimos cuarenta días que esa mañana había estallado en la radio y en los periódicos como una explosión dramática: el agua se había agotado en Caracas. La noche anterior se habían anunciado las drásticas restricciones impuestas por el INOS a los últimos 100.000 metros cúbicos almacenados en el dique de La Mariposa. A partir de esa mañana, como consecuencia del verano más intenso que había padecido Caracas después de 79 años, había sido suspendido el suministro de agua. Las últimas reservas se destinaban a los servicios estrictamente esenciales. El gobierno estaba tomando desde hacía 24 horas disposiciones de extrema urgencia para evitar que la población pereciera víctima de la sed. Para garantizar el orden público se habían tomado medidas de emergencia que las brigadas cívicas constituidas por estudiantes y profesionales se encargarían de hacer cumplir.
Las ediciones de los periódicos reducidas a cuatro páginas, estaban destinadas a divulgar las instrucciones oficiales a la población civil sobre la manera como debía proceder para superar la crisis y evitar el pánico.
A Burkart no se le había ocurrido una cosa: sus vecinos tuvieron que preparar el café con agua mineral, le anunció que la venta de jugos de frutas y gaseosas estaba racionada por orden de las autoridades. Cada cliente tenía derecho a una cuota límite de una lata de jugo de fruta y una gaseosa por día, hasta nueva orden. Burkart compró una lata de jugo de naranja y se decidió por una botella de limonada para afeitarse. Sólo cuando fue a hacerlo descubrió que la limonada corta el jabón y no produce espuma. De manera que declaró definitivamente el estado de emergencia y se afeitó con jugo de duraznos.
Primer anuncio de cataclismo: Una señora riega el jardín
Con su cerebro alemán perfectamente cuadriculado y sus experiencias de guerra, Samuel Burkart sabía calcular con la debida anticipación el alcance de una noticia. Eso era lo que había hecho, tres meses antes, exactamente el 26 de marzo, cuando leyó en un periódico la siguiente información: “En La Mariposa sólo queda agua para 16 días”.
La capacidad normal del dique de La Mariposa, que surte de agua a Caracas es de 9.500.000 metros cúbicos. En esa fecha a pesar de las reiteradas recomendaciones del INOS para que se economizara el agua, las reservas estaban reducidas a 5.221.854 metros cúbicos. Un meteorólogo declaró a la prensa, en una entrevista no oficial que no llovería antes de junio. Pocas semanas después el suministro de agua se redujo a una cuota que era ya inquietante, a pesar de que la población no le dio la debida importancia: 130.000 metros cúbicos diarios.
Al dirigirse a su trabajo, Samuel Burkart saludaba a una vecina que se sentaba en su jardín desde las 8 de la mañana a regar la hierba. En cierta ocasión le habló de la necesidad de economizar agua. Ella, embutida en una bata de seda con flores rojas, se encogió de hombros. “Son mentiras de los periódicos para meter miedo —replicó—. Mientras haya agua yo regaré mis flores.” El alemán pensó que debía dar cuenta a la policía, como lo hubiera hecho en su país, pero no se atrevió porque pensaba que la mentalidad de los venezolanos era completamente distinta de la suya. A él también le había llamado la atención que las monedas en Venezuela son las únicas que no tienen escrito su valor y pensaba que aquello podía obedecer a una lógica inaccesible para un alemán. Se convenció de eso cuando advirtió que algunas fuentes públicas, aunque no las más importantes, seguían funcionando cuando los periódicos anunciaron, en abril, que las reservas de agua descendían a razón de 150.000 metros cúbicos cada 24 horas. Una semana después se anunció que se estaban produciendo chaparrones artificiales en las cabeceras del Tuy —la fuente vital de Caracas— y que eso había ocasionado un cierto optimismo en las autoridades. Pero a fines de abril no había llovido. Los barrios pobres quedaron sin agua. En los barrios residenciales se restringió el agua a una hora por día. En su oficina, como no tenía nada que hacer, Samuel Burkart utilizó su regla de cálculo para descubrir que si las cosas seguían como hasta entonces habría agua hasta el 22 de mayo. Se equivocó, tal vez por un error en los datos publicados en los periódicos. A fines de mayo el agua seguía restringida, pero algunas amas de casa insistían en regar sus matas. Incluso en un jardín, escondido entre los arbustos, vio una fuente minúscula, abierta durante la hora en que se suministraba el agua. En el mismo edificio donde él vivía, una señora se vanagloriaba de no haber prescindido de su baño diario en ningún momento. Todas las mañanas recogía agua en todos los recipientes disponibles. Ahora, intempestivamente, a pesar de que había sido anunciada con la debida anticipación, la noticia estallaba a todo lo ancho de los periódicos. Las reservas de La Mariposa alcanzaban para 24 horas. Burkart que tenía el complejo de la afeitada diaria, no pudo lavarse ni siquiera los dientes. Se dirigió a la oficina, pensando que tal vez en ningún momento de la guerra, ni aun cuando participó en la retirada del Africa Korp, en pleno desierto, se había sentido de tal modo amenazado por la sed.
En las calles, las ratas mueren de sed. El gobierno pide serenidad
Por primera vez en 10 años, Burkart se dirigió a pie a su oficina, situada a pocos pasos del Ministerio de Comunicaciones. No se atrevió a utilizar su automóvil por temor a que se recalentara. No todos los habitantes de Caracas fueron tan precavidos. En la primera bomba de gasolina que encontró había una cola de automóviles y un grupo de conductores vociferantes, discutiendo con el propietario. Habían llenado sus tanques de gasolina con la esperanza que se les suministrara agua como en los tiempos normales. Pero no había nada que hacer. Sencillamente no había agua para los automóviles. La avenida Urdaneta estaba desconocida: no más de 10 vehículos a las 9 de la mañana. En el centro de la calle, había unos automóviles recalentados, abandonados por los propietarios. Los bares y restaurantes no abrieron sus puertas. Colgaron un letrero en las cortinas metálicas: “Cerrado por falta de agua”. Esa mañana se había anunciado que los autobuses prestarían un servicio regular en las horas de mayor congestión. En los paraderos, las colas tenían varias cuadras desde las 7 de la mañana. El resto de la avenida un aspecto normal, con sus aceras, pero en los edificios no se trabajaba: todo el mundo estaba en las ventanas. Burkart preguntó a un compañero de oficina, venezolano, qué hacía toda la gente en las ventanas, y él le respondió:—Están viendo la falta de agua.
A las 12, el calor se desplomó sobre Caracas. Sólo entonces empezó la inquietud. Durante toda la mañana, camiones del INOS con capacidad hasta para 20.000 litros repartieron agua en los barrios residenciales. Con el acondicionamiento de los camiones cisternas de las companías petroleras, se dispuso de 300 vehículos para transportar agua hasta la capital. Cada uno de ellos, según cálculos oficiales, podía hacer hasta 7 viajes al día. Pero un inconveniente imprevisto obstaculizó los proyectos: las vías de acceso se congestionaron desde las 10 de la mañana. La población sedienta, especialmente en los barrios pobres, se precipitó sobre los vehículos cisternas y fue preciso la intervención de la fuerza pública para restablecer el orden. Los habitantes de los cerros, desesperados, seguros de que los camiones de abastecimiento no podían llegar hasta sus casas, descendieron en busca de agua. Las camionetas de las brigadas universitarias, provistas de altoparlantes, lograron evitar el agua. A las 12.30 el Presidente de la Junta de Gobierno, a través de la Radio Nacional, la única cuyos programas no habían sido limitados, pidió serenidad a la población, en un discurso de 4 minutos. En seguida, en intervenciones muy breves, hablaron los dirigentes políticos, un representante del Frente Universitario y el Presidente de la Junta Patriótica. Burkart, que había presenciado la revolución popular contra Pérez Jiménez, cinco meses antes, tenía una experiencia: el pueblo de Caracas es notablemente disciplinado. Sobre todo, es muy sensible a las campañas coordinadas de radio, prensa, televisión y volantes. No le cabía la menor duda de que ese pueblo sabría responder también a aquella emergencia. Por eso lo único que le preocupaba en ese momento era su sed. Descendió por las escaleras del viejo edificio donde estaba situada su oficina y en el descanso encontró una rata muerta. No le dio ninguna importancia. Pero esa tarde cuando subió al balcón de su casa a tomar fresco después de haber consumido un litro de agua que le suministró el camión cisterna que pasó por su casa a las 2, vio un tumulto en la Plaza de la Estrella. Los curiosos asistían a un espectáculo terrible: de todas las casas, salían animales enloquecidos por la sed. Gatos, perros, ratones, salían a la calle en busca de alivio para sus gargantas resecas. Esa noche a las 10, se impuso el toque de queda. En el silencio de la noche ardiente sólo se escuchaba el ruido de los camiones del aseo, prestando un servicio extraordinario: primero en las cali y luego en el interior de las casas, se recogían los cadáver de los animales muertos de sed.
Huyendo hacia Los Teques. Una multitud muere de insolación
48 horas después de que la sequía llegó a su puntó culminante, la ciudad quedó completamente paralizada. El gobierno de los Estados Unidos envió, desde Panamá, un convoy de aviones cargados con tambores de agua. Las Fuerzas Aéreas Venezolanas y las compañías comerciales, que prestan servicio en el país, sustituyeron sus actividades normales por un servicio extraordinario de transporte de agua. Los aeródromos de Maiquetía y La Carlota fueron cerrados al tráfico internacional y destinados exclusivamente a esa operación de emergencia. Pero cuando se logró organizar la distribución urbana, el 30% del agua transportada se había evaporado a causa del calor intenso. En las Mercedes y en Sabana Grande, la policía incautó, el 7 de junio en la noche, varios camiones piratas, que llegaron a vender clandestinamente el litro de agua hasta a 20 bolívares. En San Agustín del Sur, el pueblo dio cuenta de otros dos camiones piratas, y repartió su contenido, dentro de un orden ejemplar, entre la población infantil. Gracias a la disciplina y el sentido de solidaridad del pueblo, en la noche del 8 de junio no se había registrado ninguna víctima de la sed. Pero desde el atardecer, un olor penetrante invadió las calles de la ciudad. Al anochecer, el olor se había hecho insoportable. Samuel Burkart descendió a la esquina con la botella vacía, a las 8 de la noche, e hizo una ordenada cola de media hora para recibir su litro de agua de un camión sisterna conducido por boy-scouts. Observó un detalle: sus vecinos, que hasta entonces habían tomado las cosas un poco a la ligera, que habían procurado convertir la crisis en una especie de carnaval, empezaban a alarmarse seriamente. En especial a causa de los rumores. A partir de mediodía, al mismo tiempo que el mal olor, una ola de rumores alarmistas se habían extendido por todo el sector. Se decía que a causa de la terrible sequedad, los cerros vecinos, los parques de Caracas, comenzaban a incendiarse. No habría nada que hacer cuando se desencadenara el fuego. El cuerpo de bomberos no dispondría de medios para combatirlo. Al día siguiente, según anuncio de la Radio Nacional, no circularían periódicos. Como las emisoras de radio habían suspendido sus emisiones y sólo podían escucharse tres boletines diarios de la Radio Nacional, la ciudad estaba, en cierta manera, a merced de los rumores. Se transmitían por teléfono y en la mayoría de los casos eran mensajes anónimos.
Burkart había oído decir esa tarde que familias enteras estaban abandonando a Caracas. Como no habían medios de transporte el éxodo se intentaba a pie, en especial hacia Maracay. Un rumor aseguraba que esa tarde, en la vieja carretera de Los Teques, una muchedumbre empavorecida que trataba de huir de Caracas había sucumbido a la insolación. Los cadáveres expuestos al aire libre, se decía, eran el origen del mal olor. Burkart encontraba exagerada equella explicación, pero advirtió que, por lo menos en su sector, había un principio de pánico.
Una camioneta del Frente Estudiantil se detuvo junto al camión cisterna. Los curiosos se precipitaron hacia ella, ansiosos de confirmar los rumores. Un estudiante subió a la capota y ofreció responder, por turnos, a todas las preguntas. Según él, la noticia de la muchedumbre muerta en la carretera de Los Teques era absolutamente falsa. Además, era absurdo pensar que ese fuera el origen de los malos olores. Los cadáveres no podían descomponerse hasta ese grado en cuatro o cinco horas. Se aseguró que los bosques y parques estaban colaborando en una forma heroica y que dentro de pocas horas llegaría a Caracas, procedente de todo el país, una cantidad de agua suficiente para garantizar la higiene. Se rogó transmitir por teléfono estas noticias, con la advertencia de que los rumores alarmantes eran sembrados por elementos perezjimenistas.
En el silencio total, falta un minuto para la hora cero
Samuel Burkart regresó a su casa con un litro de agua a las 6.45, con el propósito de escuchar el boletín de la Radio Nacional, a las 7. Encontró en su camino a la vecina que, en abril, aún regaba las flores de su jardín. Estaba indignada contra el INOS, por no haber previsto aquella situación. Burkart pensó que la irresponsabilidad de su vecina no tenía límites.—La culpa es de la gente como usted, dijo, indignado. El INOS pidió a tiempo que se economizara el agua. Usted no hizo caso. Ahora estamos pagando las consecuencias.
El boletín de la Radio Nacional se limitó a repetir las informaciones suministradas por los estudiantes. Burkart comprendió que la situación estaba llegando a su punto crítico. A pesar de que las autoridades trataban de evitar la desmoralización, era evidente que el estado de cosas no era tan tranquilizador como lo presentaban las autoridades. Se ignoraba un aspecto importante: la economía. La ciudad estaba totalmente paralizada. El abastecimiento había sido limitado y en las próximas horas faltarían los alimentos. Sorprendida por la crisis, la población no disponía de dinero efectivo. Los almacenes, las empresas, los bancos, estaban cerrados. Los abastos de los barrios empezaban a cerrar sus puertas a falta de surtido: las existencias habían sido agotadas. Cuando Burkart cerró el radio comprendió que Caracas estaba llegando a su hora cero.
En el silencio mortal de las 9 de la noche, el calor subió a un grado insoportable, Burkart abrió puertas y ventanas pero se sintió asfixiado por la sequedad de la atmósfera y por el olor, cada vez más penetrante. Calculó minuciosamente su litro de agua y reservó cinco centímetros cúbicos para afeitarse el día siguiente. Para él, ese era el problema más importante: la afeitada diaria. La sed producida por los alimentos secos empezaba a hacer estragos en su organismo. Había prescindido, por recomendación de la Radio Nacional de los alimentos salados. Pero estaba seguro de que el día siguiente su organismo empezaría a dar síntomas de desfallecimiento. Se desnudó por completo, tomó un sorbo de agua y se acostó boca abajo en la cama ardiente, sintiendo en los oídos la profunda palpitación del silencio. A veces, muy remota, la sirena de una ambulancia rasgaba el sopor del toque de queda. Burkart cerró los ojos y soñó que entraba en el puerto de Hamburgo, en un barco negro, con una franja blanca pintada en la borda, con pintura luminosa. Cuando el barco atracaba, oyó, lejana, la gritería de los muelles. Entonces despertó sobresaltado. Sintió, en todos los pisos del edificio, un tropel humano que se precipitaba hacia la calle. Una ráfaga cargada de agua tibia y pura, penetró por su ventana. Necesitó varios segundos para darse cuenta de lo que pasaba: llovía a chorros.